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Las restricciones de sanidad obstaculizan la vida normal

Por Redacción / Oliva
restricciones obstaculizan vida normal

La situación sanitaria mejora pero los negocios se encuentran afectados

Pronto hará un año desde que el coronavirus llego para hacer un cambio en la vida de todos, especialmente para aquellos que han perdido seres queridos, las estrictas medidas de confinamiento no se han repetido, pero las restricciones impuestas por las autoridades y sanidad, aún obstaculizan la vida normal, la “Incertidumbre” y “reinventarse” siguen siendo las palabras más utilizadas.

El consumo de bienes y servicios sigue cayendo, lo que perjudica a ciudades comerciales como Gandia. La frontera permanece cerrada (este fin de semana es el cuarto fin) y tener que bajar las persianas de los comercios poco esenciales a las 18 h provoca la disminución de ingresos en cada uno de los establecimientos. Muchos se han acogido con el proyecto del “Plan Resistir” pero sin duda alguna todos prefieren libertad para poder trabajar. En este informe, además de la industria hostelera y establecimientos nocturnos, también hay algunos negocios más, que han sido perjudicados por la pandemia.   

Ahora bien, esta incomodidad es comprensible, y una cosa está clara: las medidas tomadas en su conjunto están dando resultados para doblegar la curva de la tercera ola. En la Safor la tasa de incidencia es de 213 casos por 100.000 habitantes, el nivel más bajo desde octubre, y hay 379 pacientes activos.

Los gimnasios y centros deportivos permanecen cerrados desde el 21 de enero

A principios de enero, el Hospital de Gandia ingresó a 100 pacientes con Covid, el dia 28 se registraron hasta 149 pacientes, mientras que el pasado viernes, los datos son de 34 hospitalizados y el numero de defunciones ha disminuido a comparación del fatal mes de enero, que presento mas de la mitad de todas las muertes registradas desde que comenzó la pandemia.

Los gimnasios y centros deportivos que están cerrados desde el 21 de enero, se encuentran en temporada irregular. Además de reforzar las medidas de seguridad y desinfección, “El Reto” a cargo de Luismi Sabater, tuvo que reinventarse. Antes del cierre tenía un aforo máximo de 10 personas, lo que representaba un tercio del total, lo que le ha permitido brindar una atención más personalizada.

Explicó: “Trabajamos muy bien en verano, pero en octubre, por miedo, mucha gente no acudía con frecuencia, aunque afortunadamente, la mayoría mantuvo en pago de la cuota”. En Navidad, los clientes lo recortan a la mitad. A finales de enero, mes por excelencia de apuntarse a un gimnasio como propósito de año nuevo, ha sido la puntilla.

El cierre perimetral de Gandia ayudó a Francesc Burgos

Asegura que no se ha registrado ninguna infección en su sala. Permite entrenar en espacios individuales y cada sesión tiene un límite de tiempo, y puede acomodar hasta diez personas en cada hora. Elogió el Plan Resistir, pero lo comparó con “tirita” frente a los gastos actuales, el alquiler, el seguro de autónomo, los impuestos o las proviciones antes la falta de pagos de los abonados, “además, de los que se necesitan para vivir, como hipotecas, automóviles, llenar la nevera, la familia … ». Por lo tanto, no tiene ingresos desde hace un mes, y aún no ha recibido asistencia pública”, y con la preocupación de no saber si podrá subsistir, sin duda se tiene un nuevo reto por delante.

restricciones obstaculizan vida normal

El cierre perimetral de Gandia ayudó a Francesc Burgos, gestor del Teatre del Raval, para confirmar que la mayor parte del público habitual de la sala, casi la mitad, procedía de fuera de la ciudad. Admitió: “Pero el daño para nosotros está más allá de nuestra imaginación”. También cree que no les beneficia el hecho de que el Ayuntamiento de Gandia haya suspendido las actividades culturales y teatral en el Serrano, «a pesar de que las autoridades sanitarias no lo hayan prohibido, y considerando que la cultura es segura, porque no ha habido ningún brote vinculado a ella».

El frágil ecosistema escénico y cultural

Por tanto, añadió Burgos, fueron los teatros privados y la Generalitat los que mantuvieron el “frágil ecosistema escénico y cultural” que dejó la pandemia. Para sortear el cierre perimetral, usaron su imaginación. El año pasado, pudieron celebrar su festival al ser de pequeño formato, mientras los musicales más grandes se suspendieron.

Ahora, ofrecen una versión “streaming” como complemento presencial a las campañas escolares y conciertos del Festival Hoster, para que los abonados de fuera de Gandia que no puedan entrar en la ciudad y la gente se pueda unir desde sus casaa para disfrutar de la programación del Teatre del Raval y LaCasaCalva. Dijo: “Somos capaces de adaptarnos porque nuestros proyectos son dinámicos. Se conciben desde la cultura básica y la sostenibilidad ambiental”.

“Hay casi una nula actividad en la tienda, estoy revisando la web, actualizando la red social, contactando con proveedores … pero tengo a las modistas paradas”, suspiró Juan Martí. Si el comercio en general se ha visto afectado por la crisis, la situación de las personas que se especializan en fiestas suspendidas por segundo año consecutivo es desesperante. “La facturación se redujo en un 95%. Después de algunas fallas, realizaremos unas rebajas, hasta mayo o incluso junio, que también se vieron afectadas en 2020”.

El cierre municipal y las restricciones obstaculizan la vida normal al celebrar Fallas del 2021

Considera que la fecha límite para celebrar Fallas en 2021 debería ser a finales de junio mientras que la pandemia no empeore. Dijo: “No solo necesitamos cerrar el ciclo, sino también todo el mundo fallero”. “Mover Fallas al 2021 también significa que la tarifa de comisión será la misma, por lo tanto, tampoco tenemos esas ventas que generalmente se hacen en mayo al nombrar a los nuevos”. Por eso advirtió que la única forma de sobrevivir en su sector, es organizar actos falleros seguros, aunque fuera de forma simbólica con los aforos establecidos por las normativas.

Jesús Herráiz asume que el cierre municipal será temporal, por eso le preocupa el cierre de La Morada, la restricción al tráfico motorizado que viene aplicando el Gobierno de Gandia en el centro histórico desde el 18 de diciembre. «Creo que no nos ha beneficiado mucho, pues ha agravado más los problemas en el comercio del centro», señala: «Son medidas drásticas que se han tomado en un momento inadecuado». Y se queja de la señalización, que advierte de un «centro cortado» pero a la vez no informa de que hay una hora gratis de párking en el Serpis.

Sobre la pandemia, señala que dispensan ahora menos medicamentos para la covid, lo que apunta a una disminución de casos. En este asunto sí elogia la gestión municipal, «en especial el trabajo que está haciendo la concejala de Sanidad, Liduvina Gil».

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